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Bibliografía recomendada

 

LOS ORIGENES

 

 

 “todos escuchamos la música según nuestras personales condiciones”.

 

                                                                            Aaron Copland,

 

 

En el curso de esta búsqueda y a manera de intro-conclusión encontramos fabulosos textos con tres tendencias, por un lado los que plantean su propuesta  desde el conocimiento regional que por razones lógicas sus argumentos se inclinan por decantar su entorno musico-cultural acorde a una experiencia de vida en donde la música opera como tallador de emociones y conductas y todo concepto emitido es un acto reflejo de su experiencia personal con la música medular y puede ser esta la causa que los conduce a las representaciones conceptúales claramente expresada por Peter Wade –de oposición dominante entre la tradición y la modernidad-. (Wade 71)

 

En estos textos se bosquejan concepciones de esta actividad desde lo local y el contacto cotidiano con la música vallenata y que por ende sienten que juegan de local. Se hace entendible y evidente su descuido por enmarcar en un contexto más amplio el dinamismo de la música vallenata. Justo es decir que en los inicios de esta investigación algunos de estos textos fueron estupendos puntos de partida para esta tarea que hubiese sido más escabrosa sin sus valiosísimos aportes. Estas concepciones nucleares si bien carecen de una exposición relacionada de manera correlacional con el Caribe, por otro lado están amparadas de una adaptación auditiva* que debido a la presentación continua del estimulo* sus conceptos los emiten desde el detalle. Estos pormenores pueden ser perceptivos, anecdótico, emotivo, lingüístico, estilísticos, categóricos etc..

 

Harvey Richard Schiffman, (2001:363) afirma que “la música es por definición, un tipo especial y complejo de información acústica”,  en este marco de complejidades y minucias es donde estas posiciones localistas tienen su peso y se hacen válidas desde sus realidades locales.

 

Por otra parte están aquellos autores que con sus posiciones alborotan y pellizcan las más profundas fibras de las concepciones nucleares  y que tienen la libertad de mirar nuestra música sin esos arraigos que imantan los conceptos a favor de la tradición y del entorno.

 

En este cotejo de opiniones, es evidente que los autores locales ven en la música vallenata un  factor normativo de su generación o generaciones y es aquí donde se aplica la afirmación de Juliet Alvin “el hombre se identifica con la música a la cual puede dar su propia interpretación” (Alvin )

 

Estos notables textos y artículos centran su fortaleza en una visión más extendida y desprendida del concepto música-región y además de esto, nos alertan y amplían nuestro espectro invitándonos a lo más alto de la cima para así divisar y entender de manera  panorámica la dimensión de nuestra música.

 

Dentro de estos textos quisiera resaltar especialmente Música, raza y nación del antropólogo británico Peter Wade. Este plausible texto que con su entramado discurso decanta de forma amena y monitoreada  la función de la música costeña en la identidad nacional, es un excelente corpus para todo aquel desee acercarse  al tema de la tropicalización de Colombia a través de la música, eso si, valiéndome de lo que él mismo  expresa: “desde la perspectiva del antropólogo en el contexto de las teorías sobre la sociedad y cultura de finales del siglo XX” (Wade 2000: 300) 

 

La inmersión al contenido de este libro valida el criterio expresado por el Dr. Gustavo Bell, al considerarlo uno de los libros más importante de los últimos años en Colombia. A través de sus trazos deja claro que el extendido nacionalismo cultural se expresó cómo nacionalismo musical en la gran mayoría de los piases de América Latina: Tango en Argentina,  zamba y maxixe en Brasil, son y rumba en Cuba y así sucesivamente. Datos similares a estos los expresa Pedro Henríquez Ureña, (1997: 143) “la música popular, y la vulgar, nunca han dejado de producir formas nuevas de canción y de danza en la América Hispánica. En el presente siglo, Europa y Estados Unidos han descubierto y adoptado, como danzas, la maxixe y el zamba del Brasil…el pasillo de Colombia.

 

Hoy este referente de Colombia ha cambiado. No es el pasillo o el bambuco la identidad musical de la nación. La forma en que la música costeña se apoderó de la identidad nacional y más explícitamente el vallenato en las últimas décadas se compendia de manera amplia y argumentada a través de un alubión de referencias engranadas de manera admirable en este texto del señor Wade.

 

Sin embargo, por razones también comprensibles, la lectura de la realidad local de este autor es demasiado limitada cuando incurre en querer definir lo vallenato. Las diferencias hasta aquí planteadas muestran claramente que hay distintas formas de acercamiento a esta música en proceso de constante adaptación y expansión.

 

Por los datos expuestos hasta aquí, nos encontramos frente a una actividad que involucra la tradición y la modernidad frente a la percepción y el hábito. Lo que se observa son dos realidades encontradas, en primer lugar la preocupación de un grupo por la elaboración de un discurso científico  sobre la música popular vallenata que en algunos momentos sueltan destellos de arrogancia y encienden la fogata (Wade 2000:), (Bermúdez 2006:)   y por otro lado la reacción de un grupo que siente que le violan los hábitos de lectura de su entorno.

 

El tercer grupo lo conforman aquellos textos con función mediadora que despreocupados por no definir una música en particular, se centran en el tema de la herencia universal de la música.  El primero, el mar de los deseos, de Antonio García de León, valiosa joya, a mi juicio un texto muy aquilibrado porque no hace intromisión a ningún género en particular. Su intento de enlazar el abigarrado complejo cultural hecho de música y literatura cantada lo traza desde la línea exclusivamente panorámica de las definiciones de los géneros. El empeño central de esta obra es demostrar que al hacer un recorrido país por país encontramos un océano de tradiciones asociadas con una historia de conquista, esclavitud, defensas de identidades y luchas libertarias. Los vestigios de este piso común los traslada al argumentado estudio retrospectivo realizado por el eminente guitarrista venezolano Alirio Díaz, este sugerente estudio tiene que ver con los rastros de música antigua, renacentista y barroca principalmente, que siguen presentes y evolucionando en toda el área del cancionero ternario caribeño. De tal manera que en los asuntos de origen de la música vallenata resulta de gran valía este admirable ensayo dado que el vallenato esta empapado de la calida agua del mar de los deseos.

 

El siguiente texto al cual quiero hacer alusión es: culturas musicales, edición de Francisco Cruces, este libro ofrece una visión panorámica de la etnomusicólogía a través de una compilación de  trabajos escogidos de algunas de sus figuras más representativas de los últimos cincuenta años. Útil herramienta a la cual puedes recurrir en busca de referentes históricos, la música como cultura, usos y definiciones etc…

 

Una lectura a estos y otros textos como América Latina en su música con relataría de Isabel Aretz, nos brindan una amplia visión de estas músicas latinas tan enlazadas unas con otras. Debo aclarar que las diversas opiniones de algunos de los autores antes mencionados las confronto y las trato con más profundidad en el mi libro en preparación próximo a publicar.

 

En estos breves renglones, confió haber dicho lo suficiente y más que eso, espero haber sido un buen puente de lo que dicen los otros y así tratar de cumplir con el planteamiento de Pierre Bourdieu: “para saber lo que uno va decir hay que saber lo que han dicho los demás.”